23 de enero de 2009

ininputable

Ininputable


Convoco a la masa difusa
de los años que huyeron
como si los persiguiera
un jockey desgreñado.
Estampida de reses
precipitadas en un talud
tan largo como el estéril
intestino del recuerdo.

¿Y por qué rendir cuentas?
Si la vida nos atropelló
Como una locomotora sin frenos.
Y fue frazada demasiado corta
para poder taparse
y sentir culpa.

Aun no logro comprender
si fui yo, o era otro
a ese que vi en el espejo retrovisor;
cuando le pasó, todo lo que le pasó.

19 de enero de 2009

el octavo pasajero

El octavo pasajero
.


Alien, es un film inquietante, exhibido con gran éxito hace algunos años. Una nave espacial y su tripulación traen a la Tierra una criatura horrenda que amenaza terminar con los terrestres. Lo llamaron el octavo pasajero; esta es una historia de ciencia-ficción, que recoge cierta inquietud, amorfa e indefinida, que anda dando vueltas por el aire;
Nosotros afirmamos que hay allí un tipo de metáfora enlazada con algo muy real. En el núcleo de nuestra civilización subyace desde hace tiempo un ente similar al de la película que crecen y crece inexorablemente. A esa monstruosa criatura le pueden dar el nombre que ustedes quieran. Sólo sabemos de ella que en algún momento de la Historia cercana, tuvo un sentido de acicate para el desarrollo del hombre y la usamos en calidad de aliada durante un período, pero ése no era su fin. Su objetivo es otro, independiente del nuestro. Ella o él se desarrolla en el seno de la sociedad como si se tratara de una tenia que medra en el interior del intestino humano.
El peligro mortal de su éxito reside en que la velocidad de su crecimiento es muy superior a la del huésped en el que se aloja, por lo cual indefectiblemente terminará destruyéndolo.
ya que somos producto de la racionalidad acumulada lo opuesto al reaccionario regreso de la alienación. En este aspecto también hay una concordancia absoluta con la mentalidad vigente en el núcleo ideológico central del capitalismo. Él ya se considera en sí mismo, la perfección alcanzada. Y la perfección, se supone, no debe modificarse so pena de ser destruida.
Dice Rafael Alberti en un famoso poema: “Se equivocó la paloma, creyó que el mar era el cielo” y cierto es que en el caso del humano, hay error de perspectiva; hay mala fe a priori. Pero por el perverso mecanismo de aquella conciencia dominante, infectada de albur, juramos que nosotros en particular, resultaremos excluidos de cualquier desgracia.¡Craso error! Del azar sólo resultan más esquirlas de azar. La ley de las probabilidades juega en contra nuestra, multiplicando exponencialmente los riesgos que corre la especie en el futuro inmediato. No es que no alcancemos a comprender lo que está pasando. La intuición, ya que la razón está inutilizada, de alguna manera advierte continuamente acerca de la amenaza, aunque en vano, ya que a nadie le interesa bucear en las alteraciones ocurridas en el mecanismo del pensamiento. El conjunto nos hace semejantes a un triste espectáculo de beodos tambaleándonos al borde del acantilado; así lo ejemplifica Samuel Beckett en Esperando a Godot y El final de partida. Al que venga a señalarnos el peligro en que nos encontramos, en vez de prestarle atención
Hubo y hay responsables por la marcha de nuestro destino que también son los responsables del naufragio actual. Aunque su papel es dialéctico, ellos pusieron en marcha una maquinaria y fueron funcionales a la misma, pero desde hace tiempo han perdido su control. Es el momento de hacer un balance a fondo. Existe un sistema económico y político que nos trajo hasta acá de buen grado o a la rastra; por lo tanto, este aparte de engañarse y mentir en lo teórico, resulta impracticable para la sobrevivencia y no hay más remedio que deshacerse de su nefasta tutoría si pretendemos sobrevivir. Nuestra globalidad, sin remedio, incuba destrucción. Y no es con simples analgésicos que se cura este cáncer terminal y atroz. Ha llegado la hora de la cirugía mayor a que obliga la cordura o de lo contrario habrá que adoptar el camino rastrero de la resignación y llamar a alguno de los curanderos, que tanto abundan, para administrarle al globo terráqueo los santos óleos de la “buena muerte”.

9 de enero de 2009

La caida

Caías del décimo piso y como vivo en el séptimo del mismo edificio, te vi por la ventana cuando pasaste. Tu aspecto era desaliñado, la mirada desorbitada, la ropa en desorden. Te imagino con los esfínteres flojos.
En el vuelo, parecías un cóndor desahuciado o un presidente que ha perdido la guerra.
Seguro que en el trayecto hasta llegar al suelo no tuviste tiempo para pensar; aunque de cualquier forma, tampoco hubieras podido revertir la ley de la gravedad.
Por lo visto, no era un ensayo, no había doble en esta pirueta mortal. La manija de la que te agarrabas a la vida estaba rota sin remedio y el pasamano que te sostenía al borde del abismo, se quebró.
Cuando diste el envión desde la azotea, quedaste en manos del azar, y para colmo en su parte más siniestra, donde están amontonadas las tragedias y los dolores.
Perdóname, no supe como despedirte en ese instante cuando pasabas frente a mi ventana. No se me ocurrió nada. Pude haberte dicho como expresión de deseo: “Que te sea breve el trayecto, breve la agonía y numerosa la comitiva que te acompa-ñe al camposanto”.
Y aunque parezca mezquino recordarlo, tu inoportuna y funesta decisión impidió vender mi departamento, que se había desvalorizado por el escándalo.

8 de enero de 2009

Heladera

Nota en la heladera


“Cuando vuelvas a casa, sólo encontrarás para comer el pedazo de carne chamuscado que está en el horno.
La camisa de seda que te regaló tu madre después de su viaje a Italia, puedes hallarla dentro de la bolsa de residuos, cortada minuciosamente en pedacitos.
Tu perfume Ive Saint Laurent que te costó doscientos pesos, lo mezclé con lavandina y se encuentra en la botella dada vuelta encima de la computadora.
Si te fijás, en la mesita de la sala hay una citación de mi abogado, para un juicio de divorcio, pienso pedirte mitad de tus bienes y alimentos de por vida, para mí y para los chicos.
No tirés el otro papel que está al lado, es una orden de la policía que te prohíbe desde el lunes acercarte a menos de trescientos metros de la casa.
La moto de colección, ésa con la que te cansaste de hacer facha por el centro, ni te molestés en moverla, la hice funcionar poniéndole azúcar en el tanque de nafta, hasta que se trabó el motor por completo.
Como verás, ya me cansé de ser la pavota y vas a tener que buscar a otra infeliz que soporte tus infidelidades, que te lave los calzoncillos, que se ría con ese humor retorcido y falso que tenés, y que espere noches completas jugando con el control remoto y la rabia, hasta el amanecer.
Me fui donde mi mama, allá me quedaré hasta el domingo, así que aprovecha para sacar la ropa con la que te irás. Aunque supongo que, como en otras oportunidades, apenas leas esta nota vas a venir para acá a molestarme con flores y a decirme lo equivocada que estoy. Luego jurarás que nunca te fijaste en otra y que siempre me has querido sólo a mí.
Vas a insistir tanto, tanto, hasta tal extremo, que seguro vamos a volver a juntarnos como pasó la vez pasada, que peleamos y te quemé el auto en el Challao. Acuérdate que entonces aunque llegaste a tiempo y trataste de apagarlo no lo conseguiste, porque yo precavida, había vaciado el contenido del matafuegos en la cloaca.

1 de enero de 2009

Politeísmo

Que cada uno vaya y fabrique su dios
con clavos oxidados
con el cabello a medio teñir
en pantuflas y en harapos.

Dignatarios que no manden a nadie,
enclenques criaturas con sahumerios ensartados.
Que cada uno haga con barro o costillas
el dios que se le ocurra.
Y para que no haya reclamos del mercado
que hasta sin costillas puedan hacer sus dioses.

Aunque sepamos de antemano
que no van a resistir una puteada
que se van a disolver como el papel en la garúa
o los corra un niño varilla en mano
Que cada uno fabrique dioses a su medida…
¡Y después, se las aguante!