Caías del décimo piso y como vivo en el séptimo del mismo edificio, te vi por la ventana cuando pasaste. Tu aspecto era desaliñado, la mirada desorbitada, la ropa en desorden. Te imagino con los esfínteres flojos.
En el vuelo, parecías un cóndor desahuciado o un presidente que ha perdido la guerra.
Seguro que en el trayecto hasta llegar al suelo no tuviste tiempo para pensar; aunque de cualquier forma, tampoco hubieras podido revertir la ley de la gravedad.
Por lo visto, no era un ensayo, no había doble en esta pirueta mortal. La manija de la que te agarrabas a la vida estaba rota sin remedio y el pasamano que te sostenía al borde del abismo, se quebró.
Cuando diste el envión desde la azotea, quedaste en manos del azar, y para colmo en su parte más siniestra, donde están amontonadas las tragedias y los dolores.
Perdóname, no supe como despedirte en ese instante cuando pasabas frente a mi ventana. No se me ocurrió nada. Pude haberte dicho como expresión de deseo: “Que te sea breve el trayecto, breve la agonía y numerosa la comitiva que te acompa-ñe al camposanto”.
Y aunque parezca mezquino recordarlo, tu inoportuna y funesta decisión impidió vender mi departamento, que se había desvalorizado por el escándalo.
9 de enero de 2009
8 de enero de 2009
Heladera
Nota en la heladera
“Cuando vuelvas a casa, sólo encontrarás para comer el pedazo de carne chamuscado que está en el horno.
La camisa de seda que te regaló tu madre después de su viaje a Italia, puedes hallarla dentro de la bolsa de residuos, cortada minuciosamente en pedacitos.
Tu perfume Ive Saint Laurent que te costó doscientos pesos, lo mezclé con lavandina y se encuentra en la botella dada vuelta encima de la computadora.
Si te fijás, en la mesita de la sala hay una citación de mi abogado, para un juicio de divorcio, pienso pedirte mitad de tus bienes y alimentos de por vida, para mí y para los chicos.
No tirés el otro papel que está al lado, es una orden de la policía que te prohíbe desde el lunes acercarte a menos de trescientos metros de la casa.
La moto de colección, ésa con la que te cansaste de hacer facha por el centro, ni te molestés en moverla, la hice funcionar poniéndole azúcar en el tanque de nafta, hasta que se trabó el motor por completo.
Como verás, ya me cansé de ser la pavota y vas a tener que buscar a otra infeliz que soporte tus infidelidades, que te lave los calzoncillos, que se ría con ese humor retorcido y falso que tenés, y que espere noches completas jugando con el control remoto y la rabia, hasta el amanecer.
Me fui donde mi mama, allá me quedaré hasta el domingo, así que aprovecha para sacar la ropa con la que te irás. Aunque supongo que, como en otras oportunidades, apenas leas esta nota vas a venir para acá a molestarme con flores y a decirme lo equivocada que estoy. Luego jurarás que nunca te fijaste en otra y que siempre me has querido sólo a mí.
Vas a insistir tanto, tanto, hasta tal extremo, que seguro vamos a volver a juntarnos como pasó la vez pasada, que peleamos y te quemé el auto en el Challao. Acuérdate que entonces aunque llegaste a tiempo y trataste de apagarlo no lo conseguiste, porque yo precavida, había vaciado el contenido del matafuegos en la cloaca.
“Cuando vuelvas a casa, sólo encontrarás para comer el pedazo de carne chamuscado que está en el horno.
La camisa de seda que te regaló tu madre después de su viaje a Italia, puedes hallarla dentro de la bolsa de residuos, cortada minuciosamente en pedacitos.
Tu perfume Ive Saint Laurent que te costó doscientos pesos, lo mezclé con lavandina y se encuentra en la botella dada vuelta encima de la computadora.
Si te fijás, en la mesita de la sala hay una citación de mi abogado, para un juicio de divorcio, pienso pedirte mitad de tus bienes y alimentos de por vida, para mí y para los chicos.
No tirés el otro papel que está al lado, es una orden de la policía que te prohíbe desde el lunes acercarte a menos de trescientos metros de la casa.
La moto de colección, ésa con la que te cansaste de hacer facha por el centro, ni te molestés en moverla, la hice funcionar poniéndole azúcar en el tanque de nafta, hasta que se trabó el motor por completo.
Como verás, ya me cansé de ser la pavota y vas a tener que buscar a otra infeliz que soporte tus infidelidades, que te lave los calzoncillos, que se ría con ese humor retorcido y falso que tenés, y que espere noches completas jugando con el control remoto y la rabia, hasta el amanecer.
Me fui donde mi mama, allá me quedaré hasta el domingo, así que aprovecha para sacar la ropa con la que te irás. Aunque supongo que, como en otras oportunidades, apenas leas esta nota vas a venir para acá a molestarme con flores y a decirme lo equivocada que estoy. Luego jurarás que nunca te fijaste en otra y que siempre me has querido sólo a mí.
Vas a insistir tanto, tanto, hasta tal extremo, que seguro vamos a volver a juntarnos como pasó la vez pasada, que peleamos y te quemé el auto en el Challao. Acuérdate que entonces aunque llegaste a tiempo y trataste de apagarlo no lo conseguiste, porque yo precavida, había vaciado el contenido del matafuegos en la cloaca.
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libro nuevo
1 de enero de 2009
Politeísmo
Que cada uno vaya y fabrique su dios
con clavos oxidados
con el cabello a medio teñir
en pantuflas y en harapos.
Dignatarios que no manden a nadie,
enclenques criaturas con sahumerios ensartados.
Que cada uno haga con barro o costillas
el dios que se le ocurra.
Y para que no haya reclamos del mercado
que hasta sin costillas puedan hacer sus dioses.
Aunque sepamos de antemano
que no van a resistir una puteada
que se van a disolver como el papel en la garúa
o los corra un niño varilla en mano
Que cada uno fabrique dioses a su medida…
¡Y después, se las aguante!
con clavos oxidados
con el cabello a medio teñir
en pantuflas y en harapos.
Dignatarios que no manden a nadie,
enclenques criaturas con sahumerios ensartados.
Que cada uno haga con barro o costillas
el dios que se le ocurra.
Y para que no haya reclamos del mercado
que hasta sin costillas puedan hacer sus dioses.
Aunque sepamos de antemano
que no van a resistir una puteada
que se van a disolver como el papel en la garúa
o los corra un niño varilla en mano
Que cada uno fabrique dioses a su medida…
¡Y después, se las aguante!
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Aplastamte peso el de la mirada
9 de diciembre de 2008
Linyera
Una hormiga vista desde un andamio
en la calle y de contramano
Parusco ser
envuelto en abrigo harapiento
hundiéndose
en concéntricos delirios.
Dialogas acalorado
con apariciones, acequias,
gnosmos de jadín y jilgueros.
De ese sitio donde
tus soliloquios enfermizos
ya te arrastran
no se vuelve.
Hermano, por lo menos,
tú sigues soñando
con el cuerpo casi entero
metido en un cráter.
en la calle y de contramano
Parusco ser
envuelto en abrigo harapiento
hundiéndose
en concéntricos delirios.
Dialogas acalorado
con apariciones, acequias,
gnosmos de jadín y jilgueros.
De ese sitio donde
tus soliloquios enfermizos
ya te arrastran
no se vuelve.
Hermano, por lo menos,
tú sigues soñando
con el cuerpo casi entero
metido en un cráter.
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Poemas de Boxeador que No Contesta
8 de diciembre de 2008
Espectador
Gargantúa está
frente al televisor.
Ríos de cerveza,
sed de siglos,
una piza,
luego otra y otra.
Voyeur estéril
que sigue las cabriolas
de una ninfa inasible
con tanga diminuta.
Un día despertarás
y te pondrás de pie,
recobrarás altura,
mostrarás de nuevo
sobre tu rostro
el pétreo perfil de Aquiles,
la filosa espada al cinto.
Entonces, erguido,
como un águila real
que esponja su plumaje
enfilarás al baño dispuesto a orinar.
frente al televisor.
Ríos de cerveza,
sed de siglos,
una piza,
luego otra y otra.
Voyeur estéril
que sigue las cabriolas
de una ninfa inasible
con tanga diminuta.
Un día despertarás
y te pondrás de pie,
recobrarás altura,
mostrarás de nuevo
sobre tu rostro
el pétreo perfil de Aquiles,
la filosa espada al cinto.
Entonces, erguido,
como un águila real
que esponja su plumaje
enfilarás al baño dispuesto a orinar.
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Poemas de Boxeador que No Contesta
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